Sobre Mi
Silvia Espinosa · Fundadora de Sunya Yoga
Primeros pasos académicos
En el año 2004 inicié la Licenciatura en Historia, y casi al mismo tiempo tuvo lugar mi primer contacto con el Yoga.
Por entonces, la Historia me ofrecía un campo apasionante de estudio, lleno de teorías, culturas y procesos que ampliaban mi mirada sobre el mundo. Sin embargo, con el tiempo me di cuenta de que aquello que verdaderamente me interesaba no eran los hechos históricos en sí, sino el sentido profundo que revelaban sobre el ser humano.
Esta toma de conciencia marcó el inicio de La transición: empecé a buscar algo más allá de lo académico y cotidiano, algo que me permitiera no solo comprender la realidad, sino vivirla desde dentro con mayor profundidad.
Silvia Espinosa · Mi camino en el YOGA
Mi camino en el yoga no empezó en un estudio ni sobre una esterilla, sino en un lugar aparentemente muy distinto: una oficina en un centro geriátrico. Allí, entre números y rutinas, empezaron a surgir preguntas profundas sobre el sentido de la existencia, el sufrimiento humano, la salud integral y sobre el significado real de vivir en plenitud. Fue un período profundamente pedagógico, y aunque aparentemente era ajeno al mundo del yoga, me ofreció una oportunidad muy valiosa: indagar desde dentro sobre los procesos vitales, las necesidades más profundas de las personas, y sobre todo, confrontarme con esas preguntas existenciales.
En medio de esa inquietud silenciosa, el Yoga llegó como una respuesta viva. No como una solución, sino como un camino. Desde entonces, se ha convertido en un campo infinito de experimentación, comprensión y transformación. Tras años de práctica personal, decidí iniciar mi formación reglada como instructora de yoga, con el deseo de compartir aquello que tanto me estaba transformando.
Uno de los grandes puntos de inflexión en mi camino fue conocer a Swami Digambarananda Saraswati (Danilo Hernández), unido a la tradición Satyananda Yoga (Bihar School of Yoga, India). De su mano descubrí la dimensión del Yoga; esa que integra cuerpo, mente y espíritu con rigor, profundidad y humanidad.
Posteriormente me formé con Yamila Estella (Sn Yogadhara) en Yoga Nidra y en el estudio de los textos clásicos del Hatha Yoga, la formación continua siempre viva. Los viajes a India, al ashram de la Bihar School of Yoga , han sido una experiencia clave: una inmersión profunda en la fuente viva del yoga tradicional. A ellos, Danilo y Yamila, les guardo mi más sincero agradecimiento por su claridad, su ejemplo, compromiso e inspiración constantes.
He tenido el privilegio de impartir clases en varias escuelas y participar en proyectos pedagógicos en centros públicos, acercando el yoga y la meditación a diferentes contextos y personas.
Hoy, con humildad y alegría, dirijo Sunya Yoga, un espacio profundamente especial para mí. Un lugar que siento como extensión de mi camino, donde sigo aprendiendo cada día y compartiendo este viaje interior con quienes se acercan a la práctica.
El yoga como vía
Una forma de volver a lo esencial, de mirar hacia dentro con sinceridad, y de acompañarnos unos a otros con respeto y presencia. Es recorrer el trayecto desde lo superficial a lo esencial.
Enseñanza y experiencia
A lo largo de los años he profundizado en:
- Hatha Yoga
- Yoga Nidra
- Estiramientos de cadenas musculares
- Meditación (Raja Yoga)
- Respiración y Pranayama
- Didáctica del movimiento y conciencia corporal
Mi enfoque como profesora se basa en un acompañamiento personalizado, con especial atención a las necesidades, circunstancias y ritmos de cada persona. Incluso en clases grupales, procuro que cada práctica sea una experiencia íntima, consciente y segura.
Visión del Yoga
Lo que me interesa no es únicamente enseñar posturas físicas, sino facilitar espacios de experiencia donde cada persona pueda aprender a escucharse, comprenderse y transformar su relación consigo misma y con el mundo.
Creo profundamente que el sufrimiento nace de la incomprensión, y que el Yoga puede ayudarnos a desarrollar una visión clara, amorosa y lúcida de la realidad.
Sunya Yoga
Sunya significa “vacío”, pero no como carencia, sino como presencia plena, como ese silencio fértil que habita dentro de todos nosotros, desde donde todo puede nacer y re-nacer.
En nuestras clases, talleres y retiros cultivamos ese espacio: un lugar donde poder vaciarse de lo que no somos, para volver a lo esencial.
Cada día sigo aprendiendo, compartiendo y caminando, con la certeza de que el Yoga es un viaje que nunca termina.
Un viaje hacia dentro. Un regreso a casa.
